Fue construido en 1907, cuando la catedral ni siquiera se había inaugurado (hecho que ocurrió recién en 1932).
Características Arquitectónicas Principales
Ubicación y retiro: A diferencia de la clásica vivienda continua entre medianeras, esta construcción solía retirarse unos metros de la línea municipal para generar un pequeño patio delantero o jardín con rejas (inspirado en el cour d’honneur o patio de honor), lo que otorgaba mayor jerarquía a la fachada. Su diseño cuenta con un bloque central principal (corps de logis). El frente está delimitado por un muro bajo o una verja monumental de hierro forjado que lo separa de la calle y funciona como la entrada ceremonial principal por donde ingresaban las visitas ilustres.
Distribución funcional: Su planta se organizaba en torno a una escalera ceremonial como núcleo principal de circulación. Los espacios públicos y sociales se ubicaban en las plantas bajas o principales, mientras que las áreas de servicio (cocinas y lavaderos) se destinaban al semisótano.
Signo de estatus: Más que una simple vivienda, funcionaba como un símbolo de prestigio social y refinamiento, inspirado en los modelos parisinos que se replicaron a finales del siglo XIX y principios del XX.
Una historia de tres familias
Esta magnífica joya arquitectónica solo fue habitada por tres familias:
Familia Centurión: El doctor Centurión, un médico local, mandó a construir la propiedad y residió en ella durante sus primeros años.
Familia Atencio: Adquirió la vivienda posteriormente y la ocupó durante un largo período.
Familia Mammoni: El reconocido cirujano doctor Osvaldo Honorio Mammoni y su esposa, Hilda Elsa Massucco (conocida como Beba), compraron la casona en 1962. Su plan original era trasladar allí la unidad de maternidad del Sanatorio Argentino; sin embargo, al conocer la propiedad de cerca, la funcionalidad fue la excusa perfecta para dejarse seducir por sus encantos y convertirla en su propia casa a principios de la década de 1960.
Ubicado en pleno centro histórico (en la intersección de las calles 14 y diagonal 73), este palacete —declarado Patrimonio Histórico de la Ciudad— abrió sus puertas seis décadas después para dar a conocer los secretos de su interior. Tras haber sido el hogar definitivo de los Mammoni durante años, en meses recientes fue alquilado por el municipio para funcionar como oficinas del Ministerio de Salud.
Puesta en valor y modificaciones
Aunque se desconoce quién fue su arquitecto, se sabe que este caserón de más de 100 años de existencia se erigió bajo el estilo francés petit hôtel, muy característico de la época.
A lo largo del tiempo, la familia Mammoni realizó varias reformas con la ayuda del arquitecto Oscar Miguel Gregorio Ruótolo, quien cuidó de no alterar los elementos característicos de la creación original.
«Lo primero que nos recomendó fue que bajáramos los techos, porque eran muy altos; y lo segundo que nos dijo fue que hiciéramos el ascensor», recordó Beba.
Así, de a poco, fueron adecuando la casa: colocaron azulejos en los cinco baños, instalaron calefacción central, bajaron la altura de los techos y añadieron el ascensor (cuya estructura funciona también como tabique estructural). Además, como la esquina estaba delimitada por un muro de piedra de dos metros sobre la calle 14, los Mammoni contrataron a un herrero para que replicara la reja original al detalle y extendiera el enrejado en su lugar.
A pesar de estas modificaciones, la propiedad todavía conserva sus pisos de roble, mármoles, vitrales y mosaicos venecianos originales.
Piso por piso
La casa cuenta con dos accesos: el principal, que mira hacia la Plaza Moreno, y el secundario, sobre la diagonal 73.
Ingresando por este último, el primer ambiente es una cochera con una pequeña parrilla. En esta misma planta baja se distribuyen un lavadero, una habitación de servicio y un baño. A continuación se despliega el sector en el que los hombres de la casa pasaban la mayor parte del tiempo: un área de escritorios ubicada donde, en un principio, se había proyectado instalar los consultorios de maternidad.
El escritorio más amplio pertenecía al Dr. Mammoni. Tras su fallecimiento en 2003, este espacio continuó siempre en uso al reconvertirse en sala de estudio para los nietos de la familia. Contigua al despacho principal se encuentra la sala de espera, el punto de encuentro donde el doctor, sus colegas y sus alumnos compartían largas horas debatiendo sobre su gran pasión: la cirugía.
En este ambiente destaca una larga mesa antigua comprada en un anticuario —objeto de admiración para muchos visitantes— sobre la cual cuelga una araña cargada de valor sentimental: un recuerdo de familia que originalmente pertenecía al comedor de la esposa del doctor. Sobre el sector izquierdo de la planta baja se ubican, además, los escritorios de sus hijos.
Antes de llegar a la salida independiente que conecta este nivel con el jardín y el acceso principal, se encuentra un amplio baño que completa esta zona «de paso», cuyos muros lucen engalanados por cuadros pintados por la propia Beba, una apasionada de las artes plásticas.
El corazón de la vivienda se ubica en el primer piso, al que se accede mediante la entrada principal. Allí, un generoso hall decorado con muebles de estilo Art Nouveau da la bienvenida. A la derecha se despliega un cálido living cuyo gran ventanal ofrece una vista directa a la Plaza Moreno, embellecida por el sol de la tarde y su reflejo en las enredaderas florecidas del jardín.
Sin embargo, es el comedor de recibo el que se lleva todas las miradas. En sus años de esplendor, se encontraba decorado con los obsequios que los pacientes le entregaban al doctor en señal de agradecimiento por sus atenciones. En este mismo nivel se sitúa el comedor diario; este espacio funcionaba originalmente como cocina y se conectaba con el comedor de recibo mediante una puerta que luego fue anulada. La cocina actual pasó a ocuparse en el área donde antes se ubicaba la despensa.
Por último, en el segundo piso —el sector más íntimo de la casa— se disponen los dormitorios. Cinco habitaciones, dos baños y un cuarto de estar conforman este amplio espacio, donde destacan los ventanales que regalan una imponente vista hacia el eje fundacional de la ciudad.
Además, sobre la terraza del garaje se construyó un auditorio con sala de proyección, ideado especialmente para que Osvaldo pudiera dictar allí sus clases y exhibir diapositivas de sus intervenciones quirúrgicas.



